Estamos jodidos.
Hace unos días comencé a escribir sobre algunos supuestos de cuando uno vive en democracia, y sobre porqué en México estamos jodidos. Hoy voy a continuar, sin entrar en detalles bibliográficos ni citas de teóricos famosos. Creo que la realidad habla por si misma.
En México la intimidación existe como método para lograr distintas cosas desde hace muchos años. No hablo (únicamente) de la intimidación que viene de las instituciones que conforman el Estado, sino en general, de una forma de vida en la que el ciudadano, el niño, cualquier persona vive amenazada de alguna manera. Esa fue mi experiencia ante el Consejo Técnico de mi Universidad. Durante más de una hora intentaron intimidarme, más que intentar escuchar “mi lado de la historia” sobre unos mails que yo envié al director de la maestría y a su *incompetente* secretaria. La historia es larga y complicada y me da flojera repetirla. El asunto es que a ella la llamo como dice entre los **, y a él le digo que su equipo de trabajo (osea ella) es *ineficiente* y que el programa de maestría *es lamentable*. Me pregunto si uno, habiendo pagado más de 8 mil dólares de colegiaturas en un año no tiene derecho a cuestionar la calidad de las clases, de los profesores, de los compañeros (que ellos como institución educativa se supone eligen con mucho cuidado), de la atención que como alumno uno recibe. Parece que no.
Y es que en México más bien uno no cuestiona nada, nunca. El día que lo haces eres “una persona conflictiva”. Y esas palabras son sólo el comienzo de lo que pueden ser intensas campañas de desprestigio contra quien está cuestionando algo, contra quien opina distinto. Nada más faltaba que me amarraran a una silla y me golpearan y torturaran para que yo rindiera una declaración a modo el día del Consejo. Yo llevaba una hoja donde había escrito mi razones para llamar *incompetente* a la secretaria, llevaba también un diccionario para aclarar tres palabras que usé en esos mails: incompetencia, ineficiencia y desdén. Y reto a cualquiera a que me pruebe que el uso de cualquiera de ellas constituye un insulto, digamos, del calibre de “hijo de puta”.
A mi en ese Consejo nadie me escuchó. Tenían tomada su decisión desde el principio. Juez y parte estuvieron ahí, ya que el director de programa convenientemente es miembro de dicho consejo, así como el esposo de dicha secretaria. ¿Conflicto de interés? ¡¡¡¿de qué hablas?!!! eso se llama procedimiento. Algo que como me dijo la directora del departamento “yo debiera agradecer que ella fuera buena y me escuchara”. Hija de puta, eso es lo que ella es. Ella y su séquito de intelectualoides, pseudo académicos de quinta categoría. Y es que sí, perdón… luego la academia peca de autismo, peca de vivir en ese aislamiento “de las ideas” y “de los libros” y “de la investigación” que parece hacerlos inmunes a los errores operativos, técnicos y humanos que ellos mismos y sus equipos tienen la capacidad de cometer.
Me preguntaba mi terapeuta que si qué sombrero me ponía para cual situación. Con ella tengo colores y distintos sombreros imaginarios, que me pongo y me quito. Le dije que el azul, el de la paciencia. En mi universidad tienen el naranja de la soberbia y algún otro de otro color que representa su poco tacto.
Errores de procedimiento hubo tantos que creo que a dirario puedo aumentar uno más a la lista: el esposo de la secretaria incompetente, el propio director del programa (juez y parte, al haber sido él quien me llevó al Consejo), la ausencia de la mitad de la representación estudiantil, así como de la mitad de los miembros externos al Consejo. La justificación: “había quórum”, unas palabras que al menos yo no he encontrado en el reglamento. Si no es intimidación el hecho de no escuchar, de interrumpir, de acusarme de “difamación”, “amenaza” y “alteración del orden” por decirle incompetente a quien era responsable de avisar del cambio en un curso y que dicho cambio no anunciado para mi tendría un costo de poco menos de 400 dólares… entonces no sé que es intimidación.
Que directivos de la que se dice ser la mejor escuela de comunicación del país no tengan otros medios para comunicarse más que llevando al Consejo un caso que es totalmente irrisorio, no tiene otra explicación que la intimidación como método para tener a los estudiantes a raya. Claro, con acciones como esta, se aseguran que al menos yo no tenga intención de dirigirme a ellos, ni el buen plan ni en mal plan, porque queridos, estoy en un plazo probatorio de conducta de seis meses, así como fichada en mi expediente y ya sin posibilidad de ser laureada con una cum laude.
No podría ya importarme menos. Lo que quiero ya es terminar de asistir a esa escuela donde evidentemente el miedo y la intimidación son método de control. Ahí en la Universidad, donde se supone que *somos adultos* y donde se supone que a mi desde la licenciatura me enseñaron a no quedarme con lo menos y pedir siempre lo más, etcétera, es justamente ahí donde no fluye ni el conocimiento, ni la generosidad, ni las ideas.
Me urge salir.
Y me falta un año.
Estamos jodidos.
La buena: Ayer pasé al Fondo y me compré los que me faltaban de Nothomb, los Detectives Salvajes que nunca pude leer y uno más de Paul Auster para mi colección del autor. Las cartas entre Paz y Segovia son un regalo para mi papá.