Hace varios años viví en la playa. En aquel momento la playa se convirtió en algo cotidiano, y como casi todas las cosas cotidianas, perdió su encanto. Más bien me escondía del sol para no ponerme negra y parecer lanchera. Ahora que han pasado los años recuerdo mucho esas caminatas por la playa –que me mataban de la flojera– con mis papás y los perros; pienso que es algo que sin duda me gustaría hacer el día de hoy. Y todos los días.
Ahora que se avecinan mis vacaciones veraniegas a la playa, no quiero perder la oportunidad de sentir la arena en las plantas de mis pies y valorar cada instante lejos, lejísimos de la ciudad.
Bueno, yo practicamente nací en la playa y no deja de sorprenderme….espero que tu próximo destino también contenga muchos deliciosos mariscos y una cerveza mientras se mira al atardecer…
Besos
PS…el comentario sobre Liliana Abud en mi blog me hizo el día
…
Sí sí sí, que envidia¡¡ hazlo, y llévate a los Detectives, ohhh sí
descansa
un beso
La leo de nuevo, mademoiselle, y la siento familiar. Qué gusto. La playa, la profundidad, la inmensidad…
(tal vez el mar devuelva un poco…)
En una playa me hice ateo.
No sé por qué salió el guiño: eran puntos suspensivos seguidos de un paréntesis.