Ayer comentaba con una amistad de la oficina que este pasado fin de semana había sido un fin de semana “violento”, toda vez que fui a los toros, actividad ampliamente criticada por algunos de mis fans pero amada por muchos otros. Sin embargo, además de ir a los toros el domingo, fui a tirar el sábado.
Esa era la primera vez que hacía ambas cosas. Lo del toro la verdad es que sí me gustó y sí lo volvería a hacer. Salí de ahí con poco remordimiento de consciencia y más bien preguntándome acerca de otras cosas, no del hecho de que hayan muerto ante mis ojos seis animales. Sí ni modo, soy cruel y despiadada, pero creo que en todo caso mi reflexión al respecto va más alla. Lo del tiro sí fue toda una experiencia, toda vez que ni siquiera estaba preparada para que me incluyeran en la actividad.
El sábado amanecí con la fiaca de tener que trabajar. No es extraño que yo trabaje también los fines de semana, es algo que ya asumí y que en general ya no me conflictúa ni me pone los pelos de punta, es sólo un poco de fiaca a la hora de levantarse a las 8:00 y pensar ¡chalerrrr es sábado y yo voy rumbo a la ofi!. El caso es que llegué muy bien vestidita (pantalon negro im-pe-ca-ble, botin de tacón y plataforma, cuello de tortuga negro y abriguito blanco como la nieve), además del pelazzzzo) porque teníamos un evento un poco más tarde, en el cual yo iba a elaborar algunos documentos, entre una cosa y otra mi jefe me pidió que me hiciera presente en cierto campo de tiro cercano, al cual llegué después de atravesar la obra en la que se contruye un edificio para no-se-qué, quesque un archivo muerto, quesque una cosa ultrasecreta.
Buenos días señorita, a quien busca? Al Licenciado Fulanitodeltal. Ah sí, pase. Mi jefe, im-pe-ca-ble con su saco azul platicaba con dos personas que no puedo mencionar. Desayunamos mixiotes de pollo y carnero, café de olla, jugo de naranja con papaya y cigarro. Para entonces yo ya había conocido a SuperCop, un tipo guapo y seguramente peligroso, desos que me gustan tanto siempre. Me había dedicado a observar cada uno de sus movimientos, tanto con las armas (jajaja no puedo con la jerga policial!) como cuando hablaba o cuando ponía atención a lo que otros decían. Ojos hermosos y pequeños, mirada de águila… transpira cabronez.
Llegado el momento, SuperCop no aguantó las ganas de preguntarme si me gustaría tirar. Más mustia que tímida le dije “siiii”, así fue como ese sábado por la mañana lo pasé comprobando que efectivamente soy una natural born killer y tengo puntería perfecta. Pégale al 8, me decía SuperCop y yo deshice el papel donde estaba pintado el 8. Pégale al 5, y lo mismo. Quieres tirar con rifle? Te cai??? bueno, va…
Este sábado también pienso ir al tiro.
Soy una persona peligrosa, se lo confirmo a quien ya lo pensaba y se lo hago saber a quien se lo preguntaba.