Nunca he sido muy fan de los médicos. Es decir, entiendo que la ciencia avanza y que hoy podemos curarnos y salvarnos de enfermedades que antes hubieran acabado con nuestra vida, eso es cierto y quien diga que no, sí pienso que vive en el error. Sobre todo yo, que paso horas pegada a la TV viendo programas de emergencias médicas, estoy al tanto de cuanto tratamiento hay; sin embargo, también estoy al tanto de las grandes fallas de la medicina y de lo cruel de la industria farmacéutica y su lucro con enfermedades como el cáncer.
En todo caso la reflexión viene de que ayer fui al médico. Es la segunda visita en un mes, así que empezando por ahí, la cosa ya se sabe que no está bien. Tengo un ovario enquistado, mi retoño medía 5.5 cm, no era “humongoe” pero sí era grande. Tras la toma de unas pastillas se ha reducido, aunque lo que se magnificó (como dan cuenta varios posts) fue mi mal ánimo: las hormonas pueden tener efectos muy raros y como Dios, they work in misterious ways. Y yo anduve arañando paredes durante estos 21 días.
El asunto es que me preguntó ¿hace cuánto no te checas la prolactina? Y yo… mhh… no sé, tres o cuatro años. Ok, pues mañana mismo te vas a hacer los analisis. No, mañana no, porque a la hora de hacer análisis en ayunas yo ya estoy trabajando, será el sábado. Pues el sábado entonces. Mientras, ya me puse la vacuna contra el papiloma humano, la del cáncer cérvico-uterino, pues.
Me preocupé un poco porque hace años tuve muy alta la prolactina, que es, en resumidas cuentas, la hormona que, cuando una mujer se embaraza, le produce la leche. Pero, pero, pero… la leche no es su única bondad. No, que vá. La prolactina puede dejar una mujer estéril, ya que inhibe la ovulación (y con ello enquistarse los ovarios) y eso puede ser permanente; si bien no es de un día para el otro, si bien no es de peligro mortal, sí es un efecto. Y yo la tuve muy alta.
Así que no me gusta la idea de quedarme estéril, creo que a nadie. Puede ser que antes, la primera vez no me importaba tanto, o al menos no tengo el recuerdo de haberme acongojado en demasía. Ahora, que como me dijo mi papá, estoy en la mera etapa de aceleración del reloj biológico, las cosas son distintas. Si mi papá también me había advertido que “no me fuera a embarazar de cualquier pelafustán a los 35 sólo por tener un hijo”, hoy eso es lo que menos me preocupa, tengo con quien y tengo como. Pero el asunto es ¿podré?
Sin ser fatalista, simplemente dando por sentado que tengo antecedentes, sí creo que otra vez puede andar por los cielos aquello de la prolactina. Me preocupa, por eso me urge hacerme los análisis y averiguar. Pero también ya me prometí a mi misma que tengo que bajarle dos rayitas a mi aprensividad de mañana a que me den el resultado y el posible tratamiento.
Estoy triste, no me gusta la idea de saber que estoy enferma… de algo… de lo que sea.