Hoy estuve a punto de perder el control, pero si algo me dejó mi terapia cognitivo-conductual es a poder ver el momento crítico antes de que suceda e intentar neutralizarlo. Resulta que ayer creí haber perdido mi cartera, mis identificaciones, la cédula profesional, dinero, tarjetas de crédito y débito, la de Soy Totalmente, la de descuentos de Farmacias del Ahorro y las fotos tamaño infantil que me tomé para el trámite laboral de reingreso. Total que me dedique -y perdí- como una hora en el teléfono cancelandolas y anotando folios para ir por las nuevas.
La muy amable señorita de American Express me dijo que me la podían entregar en el Nikko, que es la oficina que me queda más cerca, con eso de que no tengo coche y me rehúso al taxi de la calle, me quedaba mejor tomar una estación del Metro y caminar unas cuadras. En fin, que llego hoy y me hacen esperar 20 minutos, quesque es lo que se tarda la maquinita en ponerle el nombre. Iba con mi protegido, Puma se hace llamar desde que jura que entrará a trabajar a alguna area de inteligencia de la Policía Federal, otros lo llaman simplemente El Mara (sí imaginenlo) y es además de una de las personas más leales que conozco, alburero y buen amigo; como es damnificado del desastre laboral vivido recientemente por todo mi equipo, ando viendo siempre darle cosas para hacer, o que me acompañe a hacer mis cosas, es mi Remarita. Es mi fiel escudero, mi brother, una persona excepcional. Bueno, el caso es que ahí vamos en el metro cagados de risa del que vendía el disco con milochomil canciones “las más pegajosas del momento”… eso decía él, porque eso era un compliado de la PEOR música electrónica ever… turuturu tututututuuuuu turuturu tutututututu. Espantoso. Caminamos y cruzamos la peligrosa Reforma, donde si no hay semáforo (pero ojo, si cruce peatonal) nadie te hace el paro para pasar. Equiiiiissss vimos al típico polecía gordo, ataviado con su túnica fosforescente como nunca vieron los 80’s, paró los coches pero para pasar él y comprarse un boing del lado del Metro Auditorio, ahh que chingon, pensé.
Llegamos al Nikko, preguntamos por la oficina de Amex. Primer piso y estábamos ahí, así que llené la forma y me dice el monito que en 20 me da la tarjeta nueva y yo pensé awebo, sí que tiene sus ventajas tener la No Salga Sin Ella, ya que en HSBC sse tardarán 20 días hábiles en mandarme el repuesto. Pasa el tiempo, mientras, Puma y yo criticábamos a otro amigo al que queremos mucho pero es bien raro, planeamos hacerle un par de bromitas de mal gusto… voy a la ventanilla (única) a recoger la tarjeta, en eso el imbécil me da una verde y yo, oiga esta no es, la mía es una Golcashbac. No. Sí. No, no es, aquí dice que es una verde. Que no es… (pensé en decirle a ver hijo de tu puta madre, tú me vas a decir qué tarjeta he tenido durante años?? pendejo?? si quieres te la enseño porque encontré mi cartera y aquí la traigo, nomás que como ya la había cancelado, tuve que venir!!!!!) preferí que se tomara su tiempo e hiciera su chamba y buscara en su sistema. Ah que sí es la Golcashbac, en 20 minutos se la tengo.
Yo tenía que estar en dos minutos, dos, de vuelta en la oficina para servir al país. Y entonces, vi la luz e hice todos mis esfuerzos por no perder el control y seguirla. Ahorita estaría yo detenida en algún MP por daños en propiedad ajena y haciendo llamadas a mi abogado o a conocido personaje de la Policía Federal para que fueran a mi auxilio. Corrió por mi mente la cinta de cuando me subí en en escritorio de un gerente de Bancomer a gritarle y a tirarle todo lo que tenía ahí, luego por supuesto, le escupí y me sallí del banco echando pestes y amenazando a los guardias con que “si me tocas te vas al bote, no sabes de quien soy hija…”. En fin sí, soy una persona peligrosa, ya lo había dicho. Opté por decir UUUZZAAAA y salirme a echar mis pestes y a hacer respiraciones contra el enojo en compañía de mi Pumita. 20 minutos después entré, me dieron la tarjeta nueva peeeero no me fui limpia, justo al salir, tranquilamente le dije a la gerente: PÉSIMO SERVICIO SEÑORITA, PÉSIMO!!!!!
En fin, me alegro de no haber roto el primer piso del Nikko.